Pequeño manantial reflejos de Maria

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Location: Los Andes, Chile

Thursday, October 04, 2007

Padre Kentenich


Padre Eterno
Por amor a ti y a tu Santa Iglesia
El Padre Jose Kentenich procuró cumplir
Siempre tu voluntad
y conducir a los hombre hacia tu corazón.
En la confianza de que tú lo escuchas
en forma especial, te ruego me concedas
lo que te pido por su intercesion
( aqui se menciaona la peticion personal)
Regálanos pronto la gracia de su canonización
para que así pueda colaborar aún más
fecundamente en la obra de tu Hijo Jesús,
para gloria tuya y de la santísima
Virgen María
Así sea

El Perdón

Qué fácil es hablar del perdón, pero que difícil es darlo.Algunos han dicho que es un don el saber que estamos equivocados y que podemos ser perdonados; pero ¿qué pasa con los que se equivocan y nos hacen daño? Algunas veces deseamos castigar a dicha persona, pero quienes salen más castigados somos nosotros mismos y para liberarnos es necesario renunciar a esos sentimientos dolorosos que no son nuestros, sino que son de quien nos hizo daño, y hay que dejarlos ir. Cuándo sucede esto, me pregunto, ¿qué hubiera yo hecho en lugar de la otra persona que me hizo daño, si yo hubiera estado en la misma situación y circunstancias? Casi siempre concluyo que en ese momento, lo que hizo esa persona fue su mejor opción para él, aunque no para mí, y lo que la otra persona hizo fue sólo protegerse, no fue su intención hacerme daño. ¿Acaso no hice sentir yo alguna vez a otra persona de la misma manera? ¿Estaré pensando que mis sentimientos valen más que los de la otra persona? Y de ahí viene la siguiente reflexión: Me siento herido, pero eso no significa que la otra persona sea mala o en verdad quiera hacerme daño. Simplemente la otra persona no conoce toda mi vida ni mi pasado, igual que yo no conozco el suyo, y no sabe lo que traigo guardado en mi historia personal. El perdón no se pide, se da... Y la razón más importante para darlo es que me libero de una gran carga. ¿Qué prefieres? ¿Ser feliz o tener la razón?

Siempre Habrá Un Mañana

Siempre habrá un mañana
El fracaso nos derrumba.Se nos oscurece la vida y se nos pierde el camino. Cuando nos muerde el dolor olvidamos toda la dicha vivida y nos parece que ya nunca podremos sonreír
La traición de los que creíamos más fieles nos hace desilusionarnos de la amistad y caer en la duda. La calumnia nos hace sentirnos como niños indefensos que cierran los ojos ante la amenaza y se encogen hasta la estatura del polvo...
Es como en las noches de insomnio en que parece que nunca llegará la madrugada.
Es así. Lo sabemos por experiencia.
Y es cuando necesitamos regar con nuestras lágrimas la esperanza que en nuestro jardín ha de ser siempre la última flor que se marchita. Porque no hay noche tan larga capaz de detener un día nuevo. Ni "Hay mal que dure cien años".
Es bueno pensar cuando llueve que esa tristeza fecundará la tierra para la primavera.
Recordar que una salud radiante
importa más que el tajo doloroso de un bisturí.
Cuando alguien nos insulta cobardemente y nos apedrea el huerto frutal corremos el riesgo de olvidar que ese árbol volverá a florecer y a dar su fruto sin cansarse de dar...
A media noche la pena y la derrota. Cuando atardece la desilusión.Cuando se nos muere la risa como el sol. Cuando se nos apagan una llama que hemos cuidado tanto para alumbrarnos en la tiniebla inevitable, es consolador y entusiasmante recordar que:
Siempre hay un mañana.

La calidad Humana

La Calidad Humana




En esta época todos hablan de calidad de productos, de calidad de procesos, calidad de servicios, calidad de sistemas...Muy poca gente habla de calidad humana, calidad de vida... sin ella, todo lo demás es apariencia, sin fundamento.
Hablar de calidad humana es cuidar nuestros vínculos con los demás. Necesitamos rehacer nuestros vínculos humanos. De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que nadie se interesa en saber cómo nos fue. ¿Para qué trabajar tanto si nos sentimos solos?
Es triste leer un libro y no tener alguien con quién comentarlo; es doloroso sentirse preocupado y no contar con una persona a quién abrirle el corazón.De nada vale estar al frente de una cancha de tenis, de fútbol o frente a un juego de salón; si no tenemos con quién jugar, con quien disfrutar ese momento. ¿Para qué tener lo que no se puede compartir?
Ni las cosas, ni el dinero poseen valor intrínseco. El valor de lo material está en su aplicación, en el servicio a alguien más o la convivencia con alguien más.
La belleza de tener, está en compartir. La magia de luchar por una prosperidad económica, estriba ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quien le damos el privilegio de disfrutar lo que ganamos.
Eso es parte de la naturaleza humana: dar, convivir, amar, servir... y ayudar.
En muchas ocasiones estamos asustados, asustados de lo que tal vez no podemos hacer; asustados de lo que pensará la gente. Permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños. Decimos no cuando queremos decir sí. Murmuramos cuando queremos gritar. Después...Después gritamos, a quien no teníamos que hacerlo: ¿por qué? Después de todo, cruzamos por esta vida una sola vez; no hay tiempo para tener miedo.
Así que intenta... intenta aquello que no has hecho, arriésgate, participa en el maratón, escribe aquella carta, enfréntate como ganador a las cosas cotidianas. El tiempo no regresa. No tienes nada que perder, y todo... ¡Todo que ganar!